miércoles, 4 de diciembre de 2013

A 32 años del primer encuentro con los Ingleses

Escuadrón Boeing, homenaje al Vicecomodoro Joaquín Argüelles Benet

El Escuadrón Boeing se organizó con la finalidad de efectuar misiones de exploración y reconocimiento en el Atlántico durante la Guerra de Malvinas.

Algunos de sus miembros fueron desafectados de los destinos normales y pasaron a formar parte de la unidad aérea. A partir de ese momento vivieron sólo para volar, dormir y comer. Al comienzo, las misiones consistían en operaciones de transporte, inclusive en el exterior, y a partir del 21 de abril se agregaron incursiones de exploración y reconocimiento sobre el océano.

El único avión que por su autonomía estaba en condiciones de hacer un vuelo tan largo, era el C-130 Hércules; pero comparándolo con un Boeing 707 desarrollaba la mitad de velocidad y además todas las unidades se encontraban afectadas al puente aéreo a Malvinas. Por último se decidió el empleo de los Boeing 707.


El plan era simple; se estimó, en primer lugar, que la flota navegaría con proa hacia las Georgias. Cuando nos llegó la información de que había zarpado de Ascensión se diseñó la zona de búsqueda, entre doscientas y trescientas millas al sur de Ascensión, considerando velocidades de navegación mínimas y máximas.

Nuestro vuelo se planeó desde Buenos Aires, la misión partiría desde Ezeiza dado que, considerando que no sabíamos cuánto tiempo nos mantendríamos en vuelo, debíamos cargar el máximo de combustible, es decir unos 70 000 kilos. Por la misma razón se incorporaron a la tripulación dos pilotos de relevo quedando conformada por: Vicecomodoro Jorge Riccardini, Comandante, Vicecomodoro Joaquín Argüelles Benet, piloto, Vicecomodoro Horacio Ernesto Genolet, piloto, Vicecomodoro Marcelo Augusto Conte, piloto, Vicecomodoro Mauro López, navegador, Suboficial Principal Andrés Hustey, mecánico, Suboficial Principal Nicolás Zárate, mecánico, Suboficial Principal Manuel Rivarola, mecánico.

No contábamos con equipamiento electrónico que nos ayudara a encontrar blancos en superficie y entonces se nos ocurrió algo que fue muy útil: en aquel momento el Boeing 707 disponía de un radar meteorológico adecuado a la época: blanco y negro pero con opción al modo, es decir que con la antena baja, marcaba con precisión islas y costas, por lo cual presumíamos que podía detectar buques. En términos de detección radar, un buque esencialmente presenta una alta concentración metálica que, establecida sin obstrucciones físicas en el plano oceánico, produce una fuerte reflexión magnética.

Sea Harrier, foto sacada desde Boeing 707
En nuestros vuelos a Europa sobre el mar algunas veces habíamos detectado buques; en el radar aparecían puntos y si se encontraban en nuestro rumbo los podíamos visualizar. Por esta experiencia suponíamos que lo mismo ocurriría con la flota británica. A lo largo del trayecto comprobamos que efectivamente era así, por lo cual decidimos mantener el radar en función. Bajamos a 20 000 pies hasta nivelar sobre una capa de nubes. Y sucesivamente continuamos descendiendo. Cuando estábamos a 7 000 pies comenzamos a ver puntos en el radar; nubes no eran: allí había algo. Fue en ese momento que consultamos al oficial de la armada, quien observando la pantalla apreció que podría tratarse de una considerable formación naval. Seguimos descendiendo y de pronto, después de atravesar la base de la capa de nubes, establecida aproximadamente a 600 metros, vimos los buques británicos en rumbo opuesto al nuestro: dos portaaviones rodeados de destructores y fragatas. De inmediato el marino nos hizo observar que los destructores y fragatas maniobraban con notable celeridad, para cerrar formación defensiva junto a los portaaviones. Se podían ver claramente las estelas en el mar describiendo la trayectoria de los barcos.

Mucho antes de que pudiéramos divisar el núcleo principal de la Fuerza de Tareas británica 317,8 nuestro Boeing había entrado en el rango de la artillería misilística de largo alcance del sistema Sea Dart y a medida que nos acercamos a la posición de los buques también entramos en el rango del sistema de alcance medio Sea Wolf.

Aún bajo tales circunstancias nuestro júbilo era total, dado que en la primera misión específica de Exploración y Reconocimiento habíamos localizado nuestro objetivo. De inmediato el comandante puso un viraje a la derecha para comenzar después otro sobre la izquierda circunvalando la formación naval. Mientras esto ocurría el fotógrafo de la Armada en forma intermitente accionaba sus cámaras fotográficas. Cuando se estaba completando el círculo el Capitán de Fragata observó que los portaaviones maniobraban para enfrentar el viento, lo cual podría significar que despegarían interceptores. Sin pérdida de tiempo se transmitieron al Comando de Misión todos los datos obtenidos: entre otros, los relativos a cantidad y tipo de las unidades componentes de la flota, posición, rumbo y velocidad. Iniciamos el regreso; Riccardini, Argüelles y López quedaron a cargo del pilotaje y yo me ubiqué en la cabina de pasajeros junto con Genolet y los demás.
Sea Harrier, foto sacada desde Boeing 707

Empezamos a ascender y de pronto uno de los tripulantes nos alertó:

Ahí viene un avión!
¿Dónde? pregunté alcanzando una de las ventanillas de la derecha y mirando hacia abajo.
¡Allí arriba! respondió señalando en una dirección sobre los planos del Boeing. Y entonces lo vi: era un Sea Harrier, estaba muy cerca y llevaba instalados dos misiles Sidewinder. Y en el momento que miré hacia abajo descubrí otro Sea Harrier que poco después descendió unos metros, pasó debajo nuestro y se formó a la izquierda. A partir de ese instante comenzaron a "revisar" visualmente nuestro avión con toda prolijidad, presumiblemente buscando antenas que revelaran nuestra capacidad electrónica. Seguramente ellos se sorprendieron de que localizáramos el núcleo de la flota en el primer vuelo que efectuamos y presumimos también que nos atribuyeron cierto nivel de tecnología a bordo para detectar buques en altamar ¡Cuánto más se hubieran sorprendido en aquel momento al saber que no teníamos absolutamente ningún recurso tecnológico y que todo lo habíamos resuelto "a poncho", con cálculos elementales y una grilla de búsqueda!

Adquirido el rumbo de regreso seguíamos ganando altura con los "visitantes" merodeando el Boeing. Después, tal vez cuando finalizaron la prolija inspección, los dos cazas desaparecieron.

Por el Comodoro (R) Marcelo Augusto Conte
Fuente: fundacionmalvinas.blogspot
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